lunes, 28 de abril de 2008

Respetar el último deseo

Publicado en el diario “El Peruano” el 10 de abril de 2007

Respetar el último deseo

Por Ricardo Sánchez-Serra

No es el ataque o la diatriba lo que va a solucionar este menudo problema, sino la justicia, la verdad, la transparencia, el accionar ético y el respeto irrestricto a la última voluntad de don José de la Riva Agüero, que precisa: “La propiedad es de la PUCP, pero la administración de los bienes que han heredado de parte mía debe tener siempre el visto bueno de una junta de administración perpetua e insustituible”.
La junta de administración deben integrarla el rector de la universidad y un representante del Arzobispado de Lima, de acuerdo con la cláusula decimosétima del testamento.
Afirmar que el Opus Dei quiere apoderarse de la administración y que el cardenal pretende interferir en la autonomía universitaria son mentiras mediáticas de los que no tienen la razón y sólo pretenden confundir.
Lo que hay que respetar es la voluntad de Riva Agüero. No está en duda la propiedad, ya que, gracias al mismo testamento, le pertenece a la PUCP; pero la junta de administración tiene la obligación de velar por la buena utilización de dicho bien, si no la actual administración deviene en usurpación, con el perjuicio correspondiente.
En el libro Análisis jurídico interpretativo de las disposiciones testamentarias de don José de la Riva Agüero, el doctor Carlos Carpio Ramírez, del Instituto Riva Agüero, sostiene que la PUCP como propietaria está limitada: “...no pudiendo, en consecuencia, el órgano general de administración de la universidad intervenir en esta masa de bienes.” (La propiedad está limitada porque Riva Agüero estableció en su testamento que la PUCP no tomaba ninguna decisión sobre la administración de los bienes sin el visto bueno de la junta).
Por eso resulta extraño que la PUCP haya recurrido a la desprestigiada figura del amparo, con la finalidad de impedir que se reúna la junta de administración, a pedido del representante del arzobispado.
Ahora se está en un terreno pantanoso en el cual, una vez más, se pone a prueba la reputación del Poder Judicial.