miércoles, 14 de noviembre de 2018

"Labores del sexo"

Publicado en el diario LA RAZÓN, de Lima-Perú, el 14 de noviembre de 2018

http://larazon.pe/2018/11/14/labores-del-sexo/


“Labores del sexo”


Ricardo Sánchez Serra

El hermano mayor de mi abuelo, Manuel Serra Gálvez, se fue a vivir a Chile a fines del siglo XIX. Nunca supimos más de él hasta que encontramos una foto –fechada en 1900- en la que estaba con su esposa y le escribía a sus padres, José Serra Ruiz y Benjamina Gálvez de Serra, diciéndoles que le iba muy bien.

Tantos años habían pasado que la familia tenía la inquietud de saber cuántos descendientes había tenido y si era posible ubicarlos. Mi hijo, que como todos de su edad, nacieron con el Internet, buceó en él y comenzó a buscar pistas y encontró las partidas de matrimonio. Manuel se había casado con Adela Carrazola Mira, que muere y luego se vuelve a casar con la hermana de Adela, Sofía. Con ambas tuvo diecisiete  hijos. Vivían primero en Valparaíso y luego en  Santiago de Chile. Mi hijo aún continúa averiguando sobre sus descendientes en la web Family Search.org, creada por la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, más conocida como la iglesia mormona.

De repente contuvimos la respiración y hubo un silencio sepulcral al leer en las partidas de matrimonio que las ocupaciones de mi tío era “topógrafo” y la de mis tías eran “labores del sexo”. “No hay que decir nada a nadie” decíamos en la mente, con desazón.



Seguimos sumergiéndonos en el Internet para conocer exactamente qué significaba “labores del sexo” y encontramos la definición: “es una expresión utilizada para englobar todas aquellas actividades que culturalmente se han considerado como parte de la naturaleza de las mujeres, es decir, exclusivas y apropiadas para ellas por su capacidad reproductora y por su rol materno, finalmente todas ocupaciones vinculadas al espacio doméstico. La naturalización de estas actividades ha significado que estas históricamente han permanecido invisibles a los ojos de la sociedad sin ser valoradas y reconocidas debidamente, pues sólo aquellos trabajos relacionados con lo productivo y público (lo masculino), han tenido un mayor reconocimiento en el mercado y en la sociedad a través del tiempo”.

Traduciendo, “labores del sexo” es el trabajo de las amas de casa: cocinar, lavar, planchar, bordar, tejer, maternidad, cambiar pañales, entre otros.

De acuerdo a webs chilenas aún persiste la figura de "labores del sexo" para referirla a quien se ocupa de las tareas de mantención de una casa o “dueña de la casa”.

Aprendimos algo nuevo, que es antiguo, hoy. Y que debe quedar sepultado en el pasado.

@sanchezserra



miércoles, 7 de noviembre de 2018

Los “colados” en las embajadas

Publicado en el diario LA RAZÓN, el 7 de noviembre de 2018
http://larazon.pe/2018/11/07/los-colados-en-las-embajadas/


Los “colados” en las embajadas


Ricardo Sánchez Serra

Tengo que volver a escribir sobre un tema que preocupa al personal de las embajadas, así como a sus invitados, que son los zampones o paracaidistas que se introducen a las recepciones de las delegaciones diplomáticas sin invitación.

Tal vez este tema no merezca una columna de opinión, pero cada vez más esta gente sin escrúpulos se está colando en masa a las fiestas nacionales. Hace unos años eran entre diez y doce, hoy son cerca de treinta.

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Muchas personas recatadas y con valores no se atreverían a ingresar a un evento sin invitación, pero esta plaga se las ingenia para introducirse en todas las formas posibles, sin importarles nada, ni su prestigio personal.

Tratan de ser invitados en forma oficial. Llaman por teléfono a las secretarias fingiendo ser amigo del embajador o inventándoles cargos de algunas organizaciones –hasta inexistentes- pidiéndoles humildemente que aún no han recibido la tarjeta de invitación o también se indignan por ello. Sus llamadas son hasta el cansancio y a veces son tan convincentes que logran ser convidados.

Si no lo consiguen, como caraduras que son, van de frente a la celebración, merodean la puerta, hacen que están hablando por teléfono, tratan de divisar a algún conocido (en una oportunidad una señora se agarró del brazo de un Nuncio –no el actual- para introducirse) o esperan el momento preciso para tratar de “zamparse” o “colarse” a la fiesta.

Lo extraño es que, al ingresar a  la recepción, a veces el personal de seguridad pide la invitación y luego otro pide la tarjeta y hasta se verifica en la computadora o en una lista. Sin embargo, a estos especialistas en “colación” en determinado momento se les ve adentro, tomando y comiendo.

¿Cómo hicieron? Es la gran pregunta.

Algunos ingresan con sobres al que le pusieron su nombre, sin nada adentro; otros con invitaciones pasadas. Alguno va hasta uniformado; también con un terno lleno de medallas, que no sé a quiénes impresionan, porque se le ve, más bien, huachafos. Asimismo, hay quienes hacen que se exasperan y se les permite el ingreso para evitar líos o el escándalo.

Recuerdo que en la recepción de una embajada un periodista zampón se emborrachó, agarró una pierna de pavo, la puso dentro de un periódico y con la otra mano se llevó una botella de vino. Otros hasta se toman “selfies” o fotos con el embajador.

Recuerdo que, en años pasados, en el Día de España, dos guardias civiles, sacaron en vilo a un zampón e igualmente en la Embajada de Marruecos como a cinco colados. Los zampones saben que es imposible colarse a las recepciones de Italia, Bélgica, Chile, Indonesia, entre otras. En las fiestas de Israel y Estados Unidos, hasta se pasa control electrónico.

Las delegaciones diplomáticas deben fortalecer sus medidas de seguridad y poner más filtros para evitar el ingreso de estas personas desconocidas, más aún que últimamente el Canciller Néstor Popolizio, incluso el presidente Martín Vizcarra, militares de alta graduación y otras altas autoridades, están asistiendo en forma seguida a las fiestas nacionales. Hay que prevenir incomodidades.

@sanchezserra


PD: En Argentina se les llama Los Confusas porque siempre se confunden entre los invitados.