miércoles, 9 de septiembre de 2015

Hacia un periodismo decente

Publicado en el diario digital AERONOTICIAS

http://aeronoticias.com.pe/noticiero/index.php?option=com_content&view=article&id=55647:hacia-un-periodismo-decente&catid=26:26&Itemid=579


Y en la Web de la Federación de Periodistas del Perú: http://www.fpp.org.pe/hacia-un-periodismo-decente/


Hacia un periodismo decente


Ricardo Sánchez Serra*

Los periodistas están cayendo en el hoyo del desprestigio, salvo honrosas excepciones. El off the record que es, o debe ser, nuestro juramento, al igual que el secreto profesional, así como lo es el hipocrático para los médicos, está haciendo agua, muy pocos lo respetan.

En los media training, los expertos, muchos de ellos periodistas o publicistas, aconsejan a sus clientes, que son políticos, empresarios o funcionarios de gobierno, en no confiar en los periodistas, salvo que los conozcan muchos años y aún así, con riesgo. Ello debido al irrespeto del off the record.

A estos clientes se les hace caer en la trampa para que en el “break time”, los periodistas se les acerquen y les sigan preguntando. Los clientes creen que ya terminó la entrevista o la conferencia y, de buena fe, se despachan sin límites. Grande es la sorpresa cuando sus comentarios en los pasadizos son “publicados”. ¡Fui engañado! Señalan, agregando gruesos epítetos. Luego, los instructores les explican que solo es un entrenamiento, que no deben irse de boca y que solo los voceros son los autorizados para declarar.

La competencia para realizar las mejores investigaciones, buscar las primicias, enfrentar a entrevistados, o el afán de notoriedad, hacen que rompamos no una regla, sino una conducta, un criterio característico de la integridad, de la deontología.

Una llamada telefónica, una conversación, un whatsApp, un mail, un mensaje en facebook por in box o por messenger, un twitter directo, son considerados privados. En mi concepto es un off the record. Su difusión debe ser previo consentimiento. Hay que ser correctos y decentes, la “criollada” no da fama.

Algunos colegas no tienen bien claro el límite entre el bien y el mal, lo correcto o incorrecto; o si ponen en peligro la vida de las personas. Recuerdo que un periodista entrevistó en un vehículo estacionado frente al entonces Ministerio de Defensa, a un general que denunciaba las irregularidades del entonces poderoso asesor Vladimiro Montesinos. El periodista tenía camuflado un micrófono y la cámara de Tv se encontraba a una cuadra. Y se oyó la confesión del militar –al que se le identificó- que rogaba al periodista guarde el anonimato “por la vida de sus hijos”.


En otra oportunidad, en un programa noticioso se difundió confidencialidades de un candidato a alcalde que opinaba mal sobre otro. No había empezado el diálogo y ya el camarógrafo tenía secretamente encendida su cámara, cuya conversación salió al aire.

Esas actitudes hacen perder imagen y prestigio a los periodistas, tendiendo a generalizarse. Ya se nos ve con sigilo y en muchos casos se nos trata como profesionales de segunda. Se suma también el caso de los fotógrafos que se tiran codazos para lograr una mejor toma, o el desorden y los micrófonos en las caras de los entrevistados. E, incluso, la inadecuada forma de vestirse o estar cochambroso. Sabemos que el hábito no hace al monje, pero hay que estar presentables. Ello induce a que muchos nos pierdan el respeto, no nos den la entrevista, nos paseen o nos hagan esperar en demasía.

Además, nos hacen aparecer como poco serios cuando en algunas entrevistas personales, radiales o televisivas, sin previo aviso, el invitado es enfrentado con un competidor o adversario. ¡Esto es una emboscada! Exclama amargamente. Algunos optan por retirarse ante la falta de respeto del programa.

El comportamiento tiene que ser adecuado. Se busca la noticia, no que nosotros hagamos noticia. Acaba de causar indignación mundial que una periodista húngara pateara a niños y haciendo zancadillas a los desesperados refugiados. La botaron, al igual que un periodista que hizo comentarios racistas.

Pero hay periodistas y periodistas. No necesito mencionar nombres. Ustedes pueden observar su comportamiento ejemplar, señero, lenguaje eficaz o directo y con prosa; y que, asimismo, demuestra objetividad, claridad y vasta cultura. La estrella debe ser siempre el entrevistado, la primicia depende de nuestra preparación y acuciosidad. Las “echadas” o las “mermeladas” son fácilmente reconocibles.

Imitemos lo bueno y dignifiquemos el periodismo.

Twitter: @sanchezserra