jueves, 29 de septiembre de 2011

Católicos deben valorar y respetar a sus sacerdotes

Publicado en LA RAZON el 29 de septiembre de 2011


Católicos deben valorar y respetar a sus sacerdotes


Me gustaría saber qué hacen muchos católicos e incluso obispos y sacerdotes cuando agreden e insultan a un pastor de la Iglesia Católica. ¿Oran? ¿Sonríen con sarcasmo? O, ¿son indiferentes? ¿Se solidarizan con él por mail, teléfono o en voz baja?
¿Son conscientes que herir a un religioso es un golpe a toda la Iglesia Católica?
Hago estas reflexiones porque en los últimos días el cardenal Juan Luis Cipriani ha sido objeto de una ofensiva mediática para socavarlo, destruir su imagen de pastor salvador de almas, por estudiantes de la PUCP gamberros y que pareciera que fueran educados en una cloaca, al igual que muchos de sus profesores –e incluso su rector- y algunos periodistas caviares, agnósticos y ateos.
Brindaron toda una parafernalia en que salieron a relucir los más bajos instintos, siendo aplaudidos por periodistas enfermos ideológicamente y que mentían todo el tiempo e incluso acudían a un desayuno mentiroso del rector de la PUCP y a quienes no les importaba salir por el sótano ante la vergüenza de su accionar. “Soy diabólica, soy PUCP”, decía un cartelón. Habla más que mil palabras. Refleja la educación “católica” de esa puticlub, perdón, esa universidad.
Se creen triunfadores porque una universidad católica ha sido secuestrada por el relativismo y cuyos captores con cinismo se declaran católicos. Ofenden al cardenal, a la jerarquía eclesiástica, al Papa. Le tiran la puerta al cardenal visitador apostólico enviado por Benedicto XVI.
La única explicación es que esta cabecilla universitaria está endemoniada o enferma de codicia y soberbia y ¿qué es ser soberbio? Creer que lo puede todo, creer que tienen el poder de Dios, reemplazarlo y así glorificarse a sí mismo. La soberbia es el más serio de los pecados capitales, es el principio de todo pecado, es la borrachera de sí mismo, es la que destruye todas las virtudes.
Para ser católico hay que ser bautizado y, por ende, haber renunciado a Satanás, cuya inspiración es riqueza, poder y placer, por supuesto en forma desordenada. Nos comprometemos a guardar la fe, comprometidos en su enseñanza:
la existencia de Dios, Uno y Trino;
la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo; y
la Autoridad Divina de la iglesia.
En ello está incluido el respeto, los católicos deben valorar y respetar a sus sacerdotes, obispos, cardenales y al Papa. Ellos han dejado todo, han dado su vida por servir a Dios y guiar a los hombres a la salvación. “Haced esto en memoria mía”.
Esto es justamente lo que los cabecillas de la PUCP, los desorientados, alumnos profesores y trabajadores, más unos malos periodistas, han faltado. Junto con el desacato a la Santa Sede, su bautismo lo han tirado por la ventana, parecen apóstatas.
Pero, ¿en dónde están los católicos comprometidos, verdaderos? No veo expresiones de solidaridad. ¡Grave negligencia! Católicos de nombre, light, obispos tibios (un simple comunicado no es suficiente), clero tibio, no entrarán al reino de los cielos. ¡Que alejados están de Dios!
(*)DANIEL BROUSEK (*) Periodista. Email: danbrousek@gmail.com