miércoles, 18 de junio de 2014

¿Una sociedad que se pudre?

Publicado en el diario LA RAZÓN, el 18 de junio de 2014

¿Una sociedad que se pudre?

Ricardo Sánchez Serra

Una sociedad que se aleja de Dios, una sociedad que no defiende la familia, es una sociedad que se pudre. Aumenta el libertinaje, se extiende la violencia, ya no hay respeto a las personas y ahondado por los bajos niveles educativos, además del descuido de los padres en formar a los hijos, o la “modernidad” de convivir y no casarse, esa sociedad no tiene futuro.

Y ¿en dónde están los valores? ¿Por qué se deja de lado el proyecto de Dios para con nosotros? Bien lo señaló el Cardenal Juan Luis Cipriani que exhortó a no rendirnos en esta gran batalla que se está dando contra la institución de la familia y que pretende destruir los valores y la dignidad de las personas.

“Es una bomba que lo único que hace es destruir a la persona por dentro, quitarle sus valores, quitarle la fe, quitarle a la familia la estabilidad, quitarle al matrimonio la fuerza que tiene en la sociedad. Es una bomba muy traicionera, porque no destruye casas ni edificios, rompe personas, rompe vínculos, quita entusiasmos, adormece a los líderes”, mencionó.

El Papa San Juan Pablo II expresaba “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz.

Dentro de este objetivo de destruir la familia es la unión gay o el remedo de matrimonio que se pretende hacer, el siguiente paso es la adopción de niños por parte de los homosexuales. ¡Qué náusea! ¡Qué vergüenza! Y para ello se prestan políticos, congresistas, jueces. Fíjense nomás lo que acaba de aprobarse en Dinamarca: la obligación a todas las iglesias a celebrar ceremonias de matrimonios homosexuales.

Por oponerse a Dios y a la naturaleza nos pretenden endilgar el mote de “intolerantes”, “sectarios” o “fanáticos”. Cuando los movimientos de homosexuales, lesbianas y transexuales son los agresivos. ¿Quiénes ofendieron a Dios y a la fe católica cuando un grupo de esos desadaptados se besó en el atrio de la Catedral de Lima?

O, asimismo, cuando un grupo de jóvenes homosexuales ingresaron a una capilla de la Universidad Complutense de Madrid se desnudaron y zarandearon al sacerdote y criticaron a la Iglesia. También en Italia, un transexual se desnudó en el altar durante una misa y empezó a agredir al párroco. Y, así, en numerosas partes del mundo, sacerdotes, obispos o cardenales son objeto de agresiones físicas o verbales en nombre de la “libertad sexual”. No yéndonos tan lejos, a nuestro cardenal Cipriani, solo por defender a la familia y los valores, desencajados periodistas y políticos lo agravian.

¿Quiénes son los agresores? ¿Quiénes los intolerantes?